Violeta Yangüela
En una ocasión el ex presidente del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID),
Enrique Iglesias, afirmaba “América Latina no sólo padece de déficits fiscales
pues aún sigue pendiente el tránsito de meras democracias electorales a sólidos
estados de derecho democráticos”.
En esa misma ocasión, el señor Edmundo Jarquín,
ex funcionario del BID y candidato a la
presidencia de Nicaragua en 2006 señalaba que
“la gente culpa al sistema de libre mercado por lo que en realidad son
fallas políticas como la persistencia del clientelismo, amiguismo, corrupción
sistémica, proteccionismo ineficiente, intervenciones sesgadas, mala asignación
de recursos o evasión fiscal” y agregaba que
“en algunos países se ha caído en variantes del “sultanismo” donde la
voluntad de lo público se confunde con
la voluntad privada del soberano”.
Palabras sin desperdicio.
Iberoamérica siempre ha tenido la excusa
apropiada. La primera excusa fueron los
españoles, su conquista y su religión, luego como herencia de españoles el
problema era la distribución de la tierra.
Más tarde el imperio norteamericano con las correspondientes teorías del
intercambio desigual, países periféricos y países hegemónicos, teoría de la
dependencia y ahora, por supuesto, es la globalización y el libre mercado con
su diablos y tridentes dispuestos a punzar y quemar las economías nacionales,
ensanchar la brecha entre ricos y pobres para beneficio de las grandes corporaciones del Imperio y sus
representantes nacionales.
Un vistazo a la historia dominicana reciente y
las deficiencias saltan a la vista. Dos figuras manejaron, dispusieron,
hicieron, deshicieron, cual sultanes, el proceso político dominicano: Rafael L.
Trujillo y Joaquín Balaguer. Dejan una herencia en la cual las comisiones, el
soborno, el amiguismo, el clientelismo y el irrespeto a las normas básicas del
sistema democrático son el pan nuestro de cada día y la fórmula para crear una
sociedad sin instituciones que hubieran
podido ser la vía para la convivencia democrática.
Muchos de estos “próceres” favorecieron la creación
de una clase media a través del tráfico
de influencia, privilegios y demás indelicadezas, con la finalidad de servir a
su reproducción política, convirtiendo así los partidos políticos, cámaras y
senados, en instituciones de compromisos personales y de conveniencias mutuas.
Santana, Báez, Lilís, Trujillo y Balaguer son
los hombres que han conformado el proceso político, social y económico
dominicano desde la independencia.
Las diferencias iberoamericanas sólo serían de
nombres. Los Rosas, los Somoza, los Porfirio, los Gómez, los Pérez Jiménez, los
Castro, los Fujimori, los Chávez y un largo y doloroso etcétera.
Pero los culpables siempre han sido los otros y esos otros han
ido cambiando de manera que se puedan acomodar a las nuevas circunstancias.
Cuentan Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto
Montaner y Álvaro Vargas Llosa en su libro El Regreso del Idiota que el idiota
iberoamericano no solo está de vuelta sino que resurge con más fe y se expande.
¿Hasta cuándo estará en vigencia “el idiota y el sultanismo” iberoamericano?
v.yanguela@codetel.net.do
No hay comentarios:
Publicar un comentario