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lunes, 27 de mayo de 2019

LA PELEA ELECTORAL


Violeta Yangüela
En 1951 se forma el Tratado que sería el comienzo de lo que hoy es la Unión Europea. La Comunidad Europea del Carbón y del Acero con seis países que intercambian las materias primas de la siderurgia como una manera de paliar la debacle económica que dejaría la Segunda Guerra Mundial.
El argumento económico fue el pilar de ese Tratado.
En la actualidad 28 países conforman la Unión Europea, que aún incluye al Brexit del Reino Unido,  se encuentra en un proceso de elecciones para su Parlamento europeo y en términos dominicanos la mejor palabra para definir las apuestas electorales es “rebú”.
Al parecer los partidos tradicionales que gobiernan, es decir, la derecha y la izquierda han dejado de ser los protagonistas.  Ahora se definen otras corrientes, xenófobos, eurocépticos,  derecha radical, centro derecha, la ultraderecha, los verdes, populistas, en fin que tiene para escoger y otros son los argumentos para la sostenibilidad de la Unión.
Previo a la celebración de las elecciones Matteo Salvini organiza un acto en la Plaza del Duomo en Milán junto a otros 10 líderes a los que llaman la ultraderecha europea, con el objetivo de conquistar el Parlamento Europeo y “construir una Europa de las naciones que ponga freno a la inmigración devuelva soberanía a los Estados”.
Los discursos de los representantes de los países congregados en Milán son una expresión  de los objetivos a lograr en el Parlamento de la Unión Europea.
Dice el holandés Geert Wilders “debemos defender nuestros Estados nacionales. Basta con la inmigración y el islam”. La francesa Le Pen “ya no  queremos esta oligarquía sin corazón que nos dirige, Ya no queremos esta UE que hace soplar nefastos vientos de la globalización salvaje”.
Por supuesto el organizador del grupo, Matteo Salvini, cierra el acto y dice “el templo de la democracia es el Parlamento Europeo y esperamos ser mayoría para poder dejar en casa a la izquierda después de tantos años”.  Termina diciendo “Europa no es Macron ni Juncker, Europa es Leonardo Da Vinci”. Habría que decir que le quedó bonito.
Mientras tanto Jean-Claude Juncker, el actual presidente de la Comisión Europea, escribe en el periódico El País con un llamado a los europeos a votar en las elecciones y una defensa de la unidad europea.
Dice en su mensaje claro a los “populistas” “tenemos que combatir a los populistas allí donde son débiles con acciones, no con palabras, con esperanza, no con miedo, con unidad, no con división y con un plan claro para un futuro mejor, no con nostalgia de un pasado que nunca existió”.  Termina diciendo, “Ese dia todos somos Europa”. Habría que decir que también le quedó bonito.
Sin ninguna duda, preparados para la pelea electoral.
v.yanguela@codetel.net.do




martes, 21 de junio de 2011

EL CORAZON EUROPEO


Violeta Yangüela

Alvin Toffler afirmaba hace unos años que “lo más evidente es que Estados Unidos y Europa se están separando porque Europa ya no se siente amenazada. Eran íntimos cuando estaba la Unión Soviética al lado; en cuanto desapareció, los europeos se volvieron independientes. Creo que la diferencia más grande y que se suele pasar por alto es cultural. Mientras Estados Unidos se afianza en la “tercera ola” la Unión Europea, por su constitución, su política y sus actitudes hacia la tecnología se mantiene en la Edad Industrial”.


Sin embargo, y adelantándose a esas afirmaciones, en mayo del 2000 el Consejo Europeo reunido en Lisboa - a la que se le llamó “la cumbre del camino al liberalismo”, aprobó un paquete de reformas con el objetivo de la modernización del modelo social. El eje Blair-Aznar fueron los protagonistas triunfadores.


Evidentemente económica, la cumbre de Lisboa decidió la desregulación de las telecomunicaciones, transporte, gas, electricidad, servicios postales, utilización del espacio aéreo, mercados financieros y reforma al sistema de pensiones con el objetivo de alcanzar en un plazo de 10 años el pleno empleo, acceso al Internet en un proceso de educación tecnológica desde la infancia.


El primer encontronazo de la cumbre de Lisboa fue con Francia por su negativa a la desregulación de energía y transporte al aducir, a través de su primer ministro de entonces, Lionel Jospin, que esos dos sectores no tenían relación directa con la nueva economía y que sólo podía ser examinada desde una reflexión más amplia de la evaluación de los servicios públicos de interés general y que “representan el corazón del modelo europeo”.


En un artículo firmado por los protagonistas de la cumbre, Blair-Aznar, expresaban que “en el pasado hemos cometido demasiadas veces el error de intentar aplicar políticas sociales que creaban obstáculos para la expansión de las empresas y para la creación de empleo. Hemos aprendido de nuestros errores. Pensamos que es una aproximación equivocada y no queremos seguirla en el futuro ni en nuestras naciones respectivas, ni en el conjunto de la Unión Europea”.


Discursos y objetivos que parecían señalar el nuevo rumbo que tomaría la Unión para colocarse con la fuerza y el empuje de un bloque político-económico que permitiera la competencia global frente a los Estados Unidos.


Durante la primera década del tercer milenio, la agenda política irrumpe en el escenario con la ampliación de los estados miembros, la adopción de un marco constitucional con una Constitución de la Nueva Europa que dejara atrás a la Europa de otros tiempos y el debate de una política exterior común como consecuencia de la división interna provocada por el apoyo de unos y la oposición de otros de interferir en el conflicto de la otrora Mesopotamia. La modernización del modelo social fue enterrada.


Al plazo de los 10 años para alcanzar el pleno empleo y de la “cumbre del camino al liberalismo” parecería que el “corazón del modelo europeo” está enfermo y la Unión Europea se convierte en el quirófano con la cirujana Merkel como directora del equipo médico para aplicar los correctivos necesarios.


¿Cirugía al corazón del modelo europeo?


v.yanguela@codetel.net.do
(Publicado 2 de mayo 2011)