Violeta
Yangüela
Decía
Barack Obama que el empleo de armas químicas por el régimen sirio traspasaría
una línea roja que Washington no toleraría.
“Eso cambiaría mi cálculo, eso cambiaría mi ecuación”. Resulta que un
año después de esas palabras, al parecer esa línea roja ha sido
traspasada. No lo dice Obama, lo dicen
los franceses, ingleses, israelíes y Turquía. ¿Qué significa la línea roja?
De
acuerdo al secretario de Defensa Chuck Hagel el gobierno sirio ha utilizado un
producto químico conocido como gas sarín contra la población civil. El uso de ese “armamento” representa una violación a las leyes
internacionales.
Por
otro lado la Casa Blanca explica que “según hemos aprendido de recientes
experiencias (¿Irak?) las pruebas de
inteligencia por si solas no son suficientes. Solo una creíble y corroborada
comprobación de los hechos nos conducirán con cierto grado de certeza a tomar
una decisión”. La propuesta es que esa comprobación la haga una comisión
internacional bajo el mandato de Naciones Unidas. En inglés a eso le dicen wishful thinking. El gobierno sirio puede negarse a esa
inspección.
Dice
el presidente Obama que “sabemos que se usaron armas químicas pero no sabemos
cómo se usaron, dónde se usaron y quienes la usaron. Cuando tomo decisiones de seguridad nacional tengo que estar seguro de que tenemos
todos los datos. No quiero un segundo
Irak. No soy Bush”.
O
sea que mientras los 4.25 millones de desplazados y la tragedia de más de
70,000 muertos en la guerra civil de Siria se producen con los instrumentos
“tradicionales de guerra” Estados Unidos y la comunidad internacional de
naciones democráticas pueden dormir tranquilos y continuar con las
declaraciones y con los debates de los acontecimientos en Siria.
En
el debate de la situación de Siria el único que cuenta para tomar una decisión es
Estados Unidos. Lo que ahora llaman “el resto” supuestamente cada vez con más poder en el juego
global, no cuentan. ¿Y no se supone que este Siglo XXI es el de la
interdependencia? Eso decía Obama en su famoso discurso de El Cairo en el
2009.
¿Es
Siria “una mancha en la conciencia colectiva”? ¿Y se puede saber dónde está
ese resto? ¿No hay foto de familia?
Parecería que el presidente
Obama no quiere meter a su país por tercera vez en una
guerra en zona del mundo islámico y
ahora se enfrenta a sus palabras. Dice el periódico New York Times que eso de
la “línea roja” no estaba en el guion y también
dice Bill Keller que “Siria no es Irak”.
Ahora
resulta que Carla Ponte, miembro de la comisión especial de Naciones Unidas que
investiga los posibles violaciones de los derechos humanos en Siria ordenada
por el secretario general de la ONU, Bank Ki-Moon en marzo pasado, ha declarado
que el gas sarín ha sido usado por la oposición, no por las autoridades
gubernamentales. Declaraciones que Naciones Unidos “aclara” que “todavía no hay
datos concluyentes”.
Si
es así, evidentemente que eso cambiaría la ecuación y los cálculos. La línea
roja sería para los rebeldes no para el gobierno sirio.
Mientras,
Rusia y Estados Unidos anuncian una conferencia internacional en la que
participen gobierno y oposición con el objetivo de lograr el final de la
guerra.
Dice
el historiador inglés, Timothy Garton Ash,
“nadie sabe qué hacer, ¿alguien quiere encontrarse con un nuevo Irak”?
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