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lunes, 4 de noviembre de 2013

LOS AMIGOS

 
Violeta Yangüela
Los Ministros de Exteriores de Reino Unido, Egipto, Francia, Alemania, Estados Unidos, Jordania, Italia, Catar, Arabia Saudita, Turquía y Emiratos Árabes Unidos los once países que forman el grupo de amigos de Siria ¿G-11? se han reunido en Londres para llamar a la oposición moderada siria a comprometerse con el proceso de negociación en lo próxima conferencia de noviembre en Ginebra.
 
 ¿Cuál será la oposición moderada?
Dice William Hauge, el jefe del Foreign Office inglés, que a pesar de la posición unánime de que Asad no puede jugar en el futuro del país, no es una condición previa para las conversaciones  y no descarta la participación de Irán siempre que acepte una transición política en Siria.
Según el británico, cuanto más se prolonga este conflicto más sectario se transforma por lo que entiende necesario “renovar los esfuerzos”.  El comunicado de los ¿G-11? dice que “la conferencia deberá conseguir el establecimiento de un gobierno de transición con poderes ejecutivos plenos y la adopción por las partes de una declaración de principios, calendario y pasos a dar para la transición política a la democracia.
 
¿Democracia? Los batallones "yihadistas" han firmado un documento conjunto rechazando  todo posible acuerdo y han calificado de "traidores" a todos aquéllos que intenten suscribirlo. Dice el  enviado especial de Naciones Unidas y la Liga Árabe, Lakhdar Brahimi que "no puede existir conferencia de paz Ginebra II sin la participación de la oposición. El Gobierno sirio ha acordado participar en Ginebra II y la oposición, ya sea a través de la Coalición Nacional Siria u otros grupos, debe encontrar la forma de estar representada",
De acuerdo a los que llevan las cuentas, se estima que el “ejército opositor” está fragmentado en más de 30 facciones lo que supone que el moderado Ejercito Libre Sirio, el brazo armado de la Coalición Nacional Siria, se enfrenta a los grupos divididos, las franquicias  y yihadistas, unas apoyadas por Arabia Saudita y otras apoyadas por Al Qaeda. Naciones Unidas cifra en 2,000 el número de grupos rebeldes combatiendo es Siria.  ¿Se sentarán a negociar en Ginebra para lograr una transición política a la democracia?
 
Los ejemplos recientes de esa transición cuentan los hechos y los resultados.
En Egipto Mubarak fue derrocado y llegaron las elecciones.  Y esas elecciones trajeron a los Hermanos Musulmanes al poder.  Y como dijera en una ocasión un político dominicano, el gobierno del presidente electo “duró menos que una cucaracha en un gallinero”.
Libia. ¿Pero hay un gobierno en Libia? No lo parece en absoluto mientras peleen entre sí las milicias, las tribus y clanes, las franquicias.  Dos botones. El secuestro del primer ministro libio por el grupo llamado Sala de los Revolucionarios Libios, y por supuesto, el ataque al consulado americano en Bengassi que ocasionó la muerte del Embajador de Estados Unidos en Libia.
En Irak cuentan que en lo que va del año han muerto más de 5,000 en ataques y  enfrentamientos internos entre sunitas y chiitas. En el mes de octubre han muerto más de 500 iraquíes. El primer ministro Nuri Kamal al Maliki en visita a Washington ha pedido ayuda militar para frenar la violencia sectaria.
Parecería que los amigos de Siria tendrían que variar su enfoque.  Parecería que el conflicto en tierras del Islam es el mismo conflicto desde la muerte del Profeta.  Los sunitas y chiitas no han aprendido de nacionalidades.  Siguen siendo identidades religiosas en la que la búsqueda del poder único del Islam es el objetivo a alcanzar.
 

lunes, 2 de septiembre de 2013

EL CASTIGO

Violeta Yangüela
Dice un refrán: “el que escupe para arriba en la cara le cae”. Asunto de línea roja.
Resulta que según los cálculos de Naciones Unidas el número de muertos en el conflicto civil en Siria llega a las 100 mil, los desplazados se cuentan por millones y los refugiados, que incluye a un millón de niños, se calculan en 1.9 millones en Líbano, Irak, Turquía y Jordania.
Pero también resulta que  la línea roja parecería ser el límite. Y comenzaron a añadir adjetivos: humanitaria, guerra justa, a lo que simplemente es como todas, una guerra cruel. Dice el presidente francés: “Francia está preparada para castigar a quienes tomaron la decisión  infame de gasear inocentes”. El informe de los inspectores Naciones Unidas solo tienen mandato para indicar si se usaron armas químicas. ¿A quién castigar? ¿Los 100 mil  muertos  no son inocentes?
 El gobierno sirio niega la acusación del uso de las armas químicas y acusa a las fuerzas rebeldes con la denuncia de haber realizado el ataque y dicen  haber encontrado bidones con material tóxico en túneles usados por los rebeldes y así desencadenar una operación militar internacional. Rusia e Irán, aliados a  Asad, también culpan a los rebeldes.
A la llegada de los técnicos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para investigar el uso de armas químicas, y luego de que el régimen mostrara un relativo éxito en recuperar territorios en zonas rebeldes, ¿le conviene al régimen de Assad la utilización de armas químicas después de que Barack Obama expresara que esa acción sería una línea roja o por el contrario su utilización  sería más conveniente para los rebeldes lograr el apoyo internacional en el conflicto sirio?
Por un lado Assad, Irán, y Hezbolá, por otro los rebeldes y sus diferentes franquicias étnicas-religiosas, suníes, chiíes, alauíes, cristianos, kurdos y los yihadistas.
La línea roja se complica. La legalidad de la guerra y la santificación por parte de la ONU no será posible al no contar con el voto de Rusia ni de China y el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon advierte a Estados Unidos que “militarizar el conflicto sirio no ayuda a solventar el caso sirio, al contrario, resultaría en la desintegración del país árabe”.
Se supone que según la ONU para invadir un país se necesita una autorización del Consejo de Seguridad o por legítima defensa. En el caso sirio, un veto de uno de los miembros del Consejo esa legalidad sería imposible. Al buscar otra salida para la intervención, definitivamente  Barack Obama, no puede demostrar debilidad después de trazar aquella línea. Se opuso al ataque en Irak y ahora cree que se ha cruzado la línea roja por él señalada y se ve obligado a la acción militar.
¿Una coalición internacional?
Dice David Cameron que Siria no es Irak y que una intervención militar en Siria no supondría, a diferencia de Irak, “una invasión ni tomar partido, sino una respuesta a uno de los usos más aborrecibles de armas químicas”. Para Cameron es “una decidida respuesta humanitaria”. El Reino Unido no participará de una intervención militar en Siria tras la votación negativa del Parlamento.
Dice el portavoz de la Casa Blanca que las comparaciones con Irak no son relevantes. Es muy diferente.  “Entonces era una Administración buscando pruebas para invadir un país con el objetivo de un cambio de régimen”.
Dice Barack Obama que su único objetivo es “dar una señal muy fuerte al régimen sirio de que no puede utilizar armas químicas”. El presidente no quiere participar en la guerra civil y solo piensa en ataques “limitados a medida” como castigo. Mientras tanto, se retrasa el castigo.  Someterá su decisión a la votación del Congreso. Dice Obama: “Sé que puedo hacerlo sin la autorización del Congreso, pero seremos más efectivos si buscamos su aprobación".
Parecería ser que esta vez, se trata de un asunto con aprobación parlamentaria,  humanitario y de un nuevo adjetivo: de castigo. No en vano, lo dirige un premio Nobel de la Paz.
v.yanguela@codetel.net.do


lunes, 13 de mayo de 2013

LA LINEA ROJA

 
Violeta Yangüela
Decía Barack Obama que el empleo de armas químicas por el régimen sirio traspasaría una línea roja que Washington no toleraría.  “Eso cambiaría mi cálculo, eso cambiaría mi ecuación”. Resulta que un año después de esas palabras, al parecer esa línea roja ha sido traspasada.  No lo dice Obama, lo dicen los franceses, ingleses, israelíes y Turquía. ¿Qué significa la línea roja?
De acuerdo al secretario de Defensa Chuck Hagel el gobierno sirio ha utilizado un producto químico conocido como gas sarín contra la población civil.  El uso de ese “armamento”    representa una violación a las leyes internacionales. 
Por otro lado la Casa Blanca explica que “según hemos aprendido de recientes experiencias  (¿Irak?) las pruebas de inteligencia por si solas no son suficientes. Solo una creíble y corroborada comprobación de los hechos nos conducirán con cierto grado de certeza a tomar una decisión”. La propuesta es que esa comprobación la haga una comisión internacional bajo el mandato de Naciones Unidas.  En inglés a eso le dicen wishful thinking.  El gobierno sirio puede negarse a esa inspección.
Dice el presidente Obama que “sabemos que se usaron armas químicas pero no sabemos cómo se usaron, dónde se usaron y quienes la usaron.  Cuando tomo decisiones de seguridad  nacional tengo que estar seguro de que tenemos todos los datos.  No quiero un segundo Irak. No soy Bush”.  
O sea que mientras los 4.25 millones de desplazados y la tragedia de más de 70,000 muertos en la guerra civil de Siria se producen con los instrumentos “tradicionales de guerra” Estados Unidos y la comunidad internacional de naciones democráticas pueden dormir tranquilos y continuar con las declaraciones y con los debates de los acontecimientos en Siria.
En el debate de la situación de Siria el único que cuenta para tomar una decisión es Estados Unidos. Lo que ahora llaman “el resto”  supuestamente cada vez con más poder en el juego global, no cuentan. ¿Y no se supone que este Siglo XXI es el de la interdependencia? Eso decía Obama en su famoso discurso de El Cairo en el 2009. 
¿Es Siria “una mancha en la conciencia colectiva”? ¿Y se puede saber dónde está ese  resto? ¿No hay foto de familia?
Parecería que el presidente Obama no quiere meter a su país por tercera vez en una guerra en  zona del mundo islámico y ahora se enfrenta a sus palabras. Dice el periódico New York Times que eso de la “línea roja” no estaba en el guion y también  dice Bill Keller que “Siria no es Irak”.
Ahora resulta que Carla Ponte, miembro de la comisión especial de Naciones Unidas que investiga los posibles violaciones de los derechos humanos en Siria ordenada por el secretario general de la ONU, Bank Ki-Moon en marzo pasado, ha declarado que el gas sarín ha sido usado por la oposición, no por las autoridades gubernamentales. Declaraciones que Naciones Unidos “aclara” que “todavía no hay datos concluyentes”.
Si es así, evidentemente que eso cambiaría la ecuación y los cálculos. La línea roja sería para los rebeldes no para el gobierno sirio.
Mientras, Rusia y Estados Unidos anuncian una conferencia internacional en la que participen gobierno y oposición con el objetivo de lograr el final de la guerra.
Dice el historiador inglés, Timothy Garton Ash,  “nadie sabe qué hacer, ¿alguien quiere encontrarse con un nuevo Irak”?


domingo, 2 de diciembre de 2012

¿OTROS BALCANES?


Violeta Yangüela
Parecería que en la actualidad Siria se encuentra inmersa en la misma división religiosa-territorial desde su conformación como estado-nación. Al mismo tiempo está en el medio de la eterna e incansable guerra entre los sunitas y chiitas por el poder único de la comunidad del Islam.
Damasco, la capital y la gloria del mundo islámico durante la dinastía Omeya, pierde su hegemonía con la revuelta chiita por el poder central de Islam. Se instala el poder en Bagdad.  Con la nueva autoridad Abasida comienza la fragmentación y la debilidad del poder, la llegada de los mongoles, los cruzados y finalmente el Imperio Otomano, Siria es incorporada a la unidad del Islam por los turcos.
A la caída del Imperio y el final de la Primera Guerra, la Gran Siria, bajo la tutela de Francia, es desmantelada en pedazos y se crean cuatro “territorios”.  La República de Siria, la República del Líbano, el Estado de los alauitas, antes nusayries, y el Gobierno de los drusos.
A la salida de los franceses, los alauitas y los drusos pierden su autonomía y son integrados juntos a los kurdos a la República de Siria.
Cuenta la historia que antes de firmarse el tratado entre Siria y Francia en 1936, llega una carta al Presidente del Consejo Francés en la que uno de sus firmantes es el abuelo del que hoy sustenta el poder en Sira.  El abuelo, Suleiman al-Assad, escribe a León Blum  y le plantea la cuestión de la integración de los drusos y alauitas en el Estado sirio francés y le  explica el por qué sería conveniente y sabio conservar una entidad alauita separada de la entidad de mayoría sunita.
Desde su independencia los conflictos internos y externos serían la variable permanente de su conformación como estado-nación. Dicen que en los primeros 25 años han tenido un golpe o un intento de golpe de estado de uno por año.  A lo interno su división de ciudades, (Latakia, región alauita fue el centro de la gobernación del Imperio Otomano) y de religión, (sunitas, cristianos, drusos, alauitas, ismalies o séptimos).  Dice un experto en el tema  que “cada sirio es de algún modo una minoría y cada minoría posee una psicología colectiva que convierte cada acción de su oponente en una amenaza a sus intereses o a su existencia.  Como resultado es un archipiélago de islas políticas”.
A lo externo, guerra con Israel, guerra en Líbano, alianza política con Egipto para formar la República Árabe Unida, la revolución iraní, la guerra Irak-Irán y las más recientes guerras del Golfo.
En 1970 llegó Hafez Assad, el hijo del abuelo que escribiera la carta y se entrona la dinastía de los Assad.  De la autonomía alauita que un día crearon los franceses, con Assad se adueñaron de la totalidad de Siria.  Dicen que solía decir que era el jefe del país, no del gobierno. Al llegar al poder, Siria tenía una población de seis millones de habitantes, en la actualidad son 22 millones, lo que quiere decir que 16 millones no conocen nada más que la dinastía de los Assad.
¿Fragmentación territorial-religiosa?
v.yanguela@codetel.net.do