Violeta
Yangüela
Dice
un refrán: “el que escupe para arriba en la cara le cae”. Asunto de línea roja.
Resulta
que según los cálculos de Naciones Unidas el número de muertos en el conflicto
civil en Siria llega a las 100 mil, los desplazados se cuentan por millones y
los refugiados, que incluye a un millón de niños, se calculan en 1.9 millones
en Líbano, Irak, Turquía y Jordania.
Pero
también resulta que la línea roja
parecería ser el límite. Y comenzaron a añadir adjetivos: humanitaria, guerra
justa, a lo que simplemente es como todas, una guerra cruel. Dice el presidente
francés: “Francia está preparada para castigar a quienes tomaron la decisión infame de gasear inocentes”. El informe de los
inspectores Naciones Unidas solo tienen mandato para indicar si se usaron armas
químicas. ¿A quién castigar? ¿Los 100 mil muertos no son inocentes?
El gobierno sirio niega la acusación del uso
de las armas químicas y acusa a las fuerzas rebeldes con la denuncia de haber
realizado el ataque y dicen haber encontrado
bidones con material tóxico en túneles usados por los rebeldes y así
desencadenar una operación militar internacional. Rusia e Irán, aliados a Asad, también culpan a los rebeldes.
A
la llegada de los técnicos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para
investigar el uso de armas químicas, y luego de que el régimen mostrara un
relativo éxito en recuperar territorios en zonas rebeldes, ¿le conviene al
régimen de Assad la utilización de armas químicas después de que Barack Obama
expresara que esa acción sería una línea roja o por el contrario su utilización
sería más conveniente para los rebeldes
lograr el apoyo internacional en el conflicto sirio?
Por
un lado Assad, Irán, y Hezbolá, por otro los rebeldes y sus diferentes
franquicias étnicas-religiosas, suníes, chiíes, alauíes, cristianos, kurdos y
los yihadistas.
La
línea roja se complica. La legalidad de la guerra y la santificación por parte
de la ONU no será posible al no contar con el voto de Rusia ni de China y el
secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon
advierte a Estados Unidos que “militarizar el conflicto sirio no ayuda a
solventar el caso sirio, al contrario, resultaría en la desintegración del país
árabe”.
Se
supone que según la ONU para invadir un país se necesita una autorización del
Consejo de Seguridad o por legítima defensa. En el caso sirio, un veto de uno
de los miembros del Consejo esa legalidad sería imposible. Al buscar otra
salida para la intervención, definitivamente Barack Obama, no puede demostrar debilidad después
de trazar aquella línea. Se opuso al ataque en Irak y ahora cree que se ha
cruzado la línea roja por él señalada y se ve obligado a la acción militar.
¿Una
coalición internacional?
Dice
David Cameron que Siria no es Irak y que una intervención militar en Siria no
supondría, a diferencia de Irak, “una invasión ni tomar partido, sino una
respuesta a uno de los usos más aborrecibles de armas químicas”. Para Cameron
es “una decidida respuesta humanitaria”. El Reino Unido no participará de una
intervención militar en Siria tras la votación negativa del Parlamento.
Dice
el portavoz de la Casa Blanca que las comparaciones con Irak no son relevantes.
Es muy diferente. “Entonces era una
Administración buscando pruebas para invadir un país con el objetivo de un
cambio de régimen”.
Dice
Barack Obama que su único objetivo es “dar una señal muy fuerte al régimen
sirio de que no puede utilizar armas químicas”. El presidente no quiere
participar en la guerra civil y solo piensa en ataques “limitados a medida”
como castigo. Mientras tanto, se retrasa el castigo. Someterá su decisión a la votación del
Congreso. Dice Obama: “Sé que puedo hacerlo sin la autorización del Congreso,
pero seremos más efectivos si buscamos su aprobación".
Parecería
ser que esta vez, se trata de un asunto con aprobación parlamentaria, humanitario y de un nuevo adjetivo: de castigo.
No en vano, lo dirige un premio Nobel de la Paz.
v.yanguela@codetel.net.do
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